miércoles, 2 de mayo de 2012

Milonga




Aunque tanto la Milonga como el tango son un género musical emparentado con la habanera las letras de la Milonga suelen ser picarescas.
El origen de estas formas musicales es muy discutido y probablemente la Milonga urbana provenga de un cruce de la forma campera con el Tango primitivo de los suburbios de Buenos Aires y Montevideo.
Según palabras del propio Borges, por sus características el Tango sólo pudo haber nacido en Montevideo o Buenos Aires.
Las mujeres milongueras tienen dedicados varios tangos, cuyas letras suelen aludir a un pasado humilde y a un presente en el que la frecuentación de las milongas de lujo les permite relacionarse con hombres adinerados (los bacanes), vínculo que refiere a un modo de prostitución.
Sin embargo, las milongueras actuales bailan por gusto y pueden tener compañeros de baile con los que forman una pareja que se entiende bien en la pista, pero que no mantiene otro tipo de relación fuera de ella.


Horacio Fehling


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miércoles, 25 de abril de 2012

Merengue



Es un estilo musical, usualmente de tono alegre nacido en República Dominicana, donde más se escucha su característica melodía, acompañada por la tambora (tambor de dos parches), la güira y el acordeón desde donde se fue difundiendo.
El origen de la palabra Merengue se remonta a la época de la colonia y proviene del vocablo muserengue, nombre de una de las culturas africanas que, traída desde las costas de Guinea, llegó a la costa atlántica colombiana.
Su origen sigue siendo un tanto incierto, aunque se sabe que procede de la Contradanza, la Mazurca y el Vals europeos, cuya influencia se extendió por Haití, Venezuela y las Antillas, donde se acompañaba con instrumentos típicos como el tiple, la bordona, el cuatro, el seis y el doce, más tarde, con la tambora, el güiro, la bandurria y el acordeón.
Según algunos, nació como una melodía criolla tras la batalla de Talanquera donde triunfaron los dominicanos. El merengue procede de una de las partes de una melodía llamada UPA Habanera, que pasó a Puerto Rico, de donde llegó a Santo Domingo a mediados del siglo pasado, entre 1838 y 1849. Este baile tenía un movimiento llamado merengue que le dio el nombre al baile actual.
La isla que comprende los países de Haití y la República Dominicana ha producido grandes sonidos a través de los siglos. Dentro del ambiente de la música bailable afrocaribeña, el estilo dominicano del merengue ha jugado un papel muy importante.
Como la contradanza y el danzón cubano, el Merengue emergió en la zona de Santiago de los Caballeros, en la región conocida como Cibao, como descendiente de la "Contradanse" europea durante la mitad del siglo XIX y siguió absorbiendo más elementos africanos y criollos.
En 1844 el Merengue aún no era popular, pero en 1850 ya se puso de moda y fue bien acogido entre los dominicanos. En la década de 1850 se desencadenó una campaña en contra del
Merengue, que ya se había ido difundiendo entre las masas populares pero que era rechazado por la clase alta por su vinculación con la música africana y por sus letras picarescas y vulgares.
El Merengue era una danza festiva, para divertirse, por lo que se extendió rápidamente entre las fiestas del pueblo, por lo que el rechazo inicial fue vencido. En 1875 Ulises Espaillat inició otra campaña contra este baile que fracasó estrepitosamente, pues éste ya había cautivado a toda la región de Cibao, considerada hoy cuna del Merengue. A principios del siglo XX, músicos cultos y muy populares como Juan Espínola y Julio Alberto Hernández apoyaron la difusión del Merengue en los salones de baile.
Su éxito no fue inmediato ya que a pesar de que establecieron la forma musical del Merengue, no pudieron conseguir que el Merengue penetrara en la alta sociedad y se considerara como una creación del pueblo dominicano. Pero a partir de 1930, el merengue logró difundirse en zonas donde antes era desconocido, en parte gracias al reciente uso de la radio. A pesar de esto, la alta sociedad dominicana siguió sin aceptarlo hasta que una familia de buena posición solicitó al músico Luis Alberti que compusiera un Merengue de letra decente para amenizar una de sus fiestas. A partir de entonces, se diseminó muy rápidamente por todo el país.
Como fueron músicos cultos los que fijaron la forma musical del nuevo Merengue, los músicos populares trataron de imitar y seguir este modelo mientras que el hombre de campo continuó tocando el Merengue de la misma forma. Esto dio origen a dos formas de merengue: el Merengue folclórico, que aún se encuentra en los campos, y el Merengue de salón, que es el más difundido. De esta manera, desplazó a algunos otros bailes típicos como la Tumba, que requería gran esfuerzo físico y mental, mientras que la coreografía del Merengue es mucho más sencillo que sus primos cubanos, consistiendo en una danza de dos pasos, en la que el hombre y la mujer no se sueltan nunca, aunque poco a poco fueron desarrollándose diversas figuras para este baile de salón.
El merengue se toca en tempo moderado, compás rápido y ritmo binario, alternando estrofas y estribillos y su estructura estaba compuesta por el paseo, que ha sido suprimido, el Merengue, que se ha alargado, y el jaleo, modificado. La música y la letra de este baile de parejas ha tenido como autores más notables a Johnny Ventura y Félix del Rosario.
Para el año 1980, el Merengue empieza el periodo llamado la época de oro, caracterizado por la aparición de nuevas agrupaciones, sonidos y carácter. Algunos de los artistas más destacados son Wilfrido Vargas, Johnny Ventura, Sergio Vargas, Los Hermanos Rosario, Conjunto Quisqueya, Fernando Villalona, Jochy Hernández, Jossie Esteban y la Patrulla 15, Eddy Herrera y por supuesto el popularísimo Juan Luis Guerra entre otros. Estos llamaron la atención gracias a sus melodiosas canciones y ritmos.


Horacio Fehling


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miércoles, 18 de abril de 2012

Mambo – 2da parte



A finales del siglo XIX, la Contradanza había ganado energía, al contrario que su homólogo europeo, y se empezó a conocer como Danzón. La canción de 1877 «Las alturas de Simpson» fue una de las muchas melodías que crearon una ola de popularidad para el danzón. Una parte del danzón era una coda sobre la que se improvisaba. Las bandas en aquel entonces estaban formadas por metales (orquesta típica), pero fueron continuadas con grupos más pequeños llamados charangas.
La charanga más influyente era la de Antonio Arcano, que floreció al final de los años 1930. La primera canción del nuevo género fue «Mambo», compuesta por Orestes López, chelista de esta charanga.
A finales de los años 1940, un músico llamado Dámaso Pérez Prado inventó un baile para el Mambo y se convirtió en la primera persona en vender su música como «mambo». Desde La Habana, Prado llevó su música a México y luego a Nueva York. Por el camino, su estilo se homogenizó para ser más atractivo para los oyentes estadounidenses.
Tras los pasos de Prado llegó una ola de músicos de Mambo, como Enrique Jorrín. Algunos experimentaron con técnicas nuevas, como ritmos más rápidos y el uso de pasos laterales en el baile; esta última innovación dio lugar a la formación del Cha-Cha-Chá y fue el resultado de la experimentación de Jorrín. El Cha-Cha-Chá estaba muy orientado al público popular, especialmente después de que Arthur Murray simplificara más el baile. El Mambo siguió siendo popular en los Estados Unidos y Cuba hasta los años 1960, cuando se crearon el Boogaloo y la pachanga (ambos formas modificadas del mambo).
Algunas de las bandas más importantes de Mambo de Nueva York en los años 1950 fueron Mambo Aces, Killer Joe Piro, Paulito and Lilon, Louie Maquina, Cuban Pete, Machito, Tito Puente, Tito Rodriguez y Jose Curbelo.
A mediados de los años 1950 la fiebre del Mambo alcanzó su grado máximo. En Nueva York el Mambo se practicaba con un estilo sofisticado que ponía a saltar al Palladium Ballroom, famosa sala de bailes de Broadway. El Ballroom se proclamó el «templo del Mambo», y los mejores bailarines de la ciudad --los Ases del Mambo, "Killer Joe" Piro, Paulito y Lilon, Louie Maquina y Cuban Pete-- llevaban a cabo exhibiciones de Mambo y se hacían un nombre con su expresivo uso de brazos, piernas, cabeza y manos. Había una fiera rivalidad entre bandas. Las bandas de Machito, Tito Puente, Tito Rodriguez y Jose Curbelo deleitaban a habituales como Duke Ellington, Bob Hope, Marlon Brando, Lena Horne y Dizzy Gillespie, por no mencionar a afroamericanos, puertoriqueños, cubanos, WASPs del Upper East-Side y judíos e italianos de Brooklyn. Las clases y los colores se mezclaban en el ritmo incandescente de la música. Incluso músicos de Jazz como Erroll Garner, Charlie Parker, Sonny Rollins y Sonny Stitt cayeron bajo el encanto del Mambo, lo que se puede comprobar en muchas de las grabaciones de música latina que hicieron en los años 1950.
En 1954, el Cha-Cha-Chá, un tipo de Mambo creado por el violinista cubano Enrique Jorrin, miembro de la Orquesta América Charanga, arrasó en la Habana y Nueva York. Más fácil de bailar que el Mambo, con un ritmo más cuadrado y el contratiempo característico en el tercer golpe, se extendió a Europa, antes de ser destronado a principios de los años 1960 por la Pachanga y el Boogaloo.
El Mambo volvió a ponerse de moda en 1995 cuando Guinness utilizó la canción de Pérez Prado Guaglione en una campaña publicitaria con el actor dublinés Joe McKninney. La canción se lanzó como sencillo y alcanzó el número 2 en las listas inglesas. En 1999, Lou Bega publicó una remezcla de Mambo No. 5, otra composición original de Prado, que se convirtió en un éxito por toda Europa.



Horacio Fehling


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